La historia de Jabato

publicado el 2 ene 2015 por Ana en Ana BLOG: WE CAN con 7 comentarios

Recuerdo perfectamente el momento, el lugar, sus gestos, los de mi hermano y mi sensación. Esa sensación de ahogo y asfixia. Todo se paralizó a mi alrededor. El mundo se acababa para mí. No soy capaz de recordar sus palabras exactas, aunque sí la ropa que llevaba puesta y que nunca más he vuelto a ponerme. Recuerdo perfectamente aquel 1 de enero soleado. Estrenábamos 2013 y después de comer juntos y “celebrar” el nuevo año, mi padre nos dijo que se moría.

Él no se encontraba muy bien, tanto es así que hasta llevaba varios días sin fumar. Ha fumado mucho. Una neumóloga le vio algo en un pulmón a lo que no quiso dar importancia pero que, Belén, por suerte, decidió investigar. El día 26, después de Navidad, íbamos a comer juntos. Acababan de hacerle una prueba y Belén estaba más preocupada de lo normal. Pero creo que ni mi hermano ni yo lo quisimos ver del todo claro. Era Navidad, yo estaba enferma. Simplemente, no podía ser.

Él lo supo el día 27. Cinco interminables días sabiendo que se moría y no se atrevió a decírnoslo por no arruinarnos la Navidad. Le confirmaron el diagnóstico a falta de una biopsia que pondría “nombre y apellidos” al tumor. Pero no había duda alguna en las imágenes: cáncer de páncreas con metástasis pulmonares. Cáncer terminal. No quisieron cenar con nadie en Nochevieja, no querían contárselo a nadie antes que a nosotros. Belén y mi padre solos. Nosotros estábamos en mi casa con mi madre. Siempre he pensado qué sentirían al recibir las fotos de mi fiesta de pelucas.

El día 1, volvíamos a casa después de comer, Belén entró con Victoria, la novia de mi hermano, y mi padre nos pidió a los dos que nos quedáramos en el jardín. Como te digo, no recuerdo sus palabras exactas, algo o alguien las ha borrado de mi mente. Recuerdo que tuve que agacharme porque me faltaba el aire. Recuerdo a mi hermano mayor ejerciendo de tal, sereno, recto, respirando hondo, aguantando las lágrimas. Hasta que no pudo más. Recuerdo la necesidad de parar el tiempo, la sensación de impotencia, de rabia, de odio. Recuerdo cómo le abrazaba aun sin ser consciente de que no podría hacerlo mucho más. Y recuerdo abrazar a mi hermano buscando su protección.

Mi padre se había convertido en un pilar fundamental en mi enfermedad. Tiene la oficina a escasos metros de mi casa y todos los días, cuando terminaba de trabajar me llamaba. Si me encontraba muy floja, me dejaba tranquila o subía a darme un beso. Pero si él notaba que tenía fuerzas, aunque a veces me hiciera la remolona, me “obligaba” a bajar a verle. Y si algún día no había salido de casa, él era la mejor razón para pintarme los labios y salir a la calle. Era mi inyección diaria de energía positiva.

Durante 14 días el diagnóstico no cambió. Estuvo todo ese tiempo ingresado, aunque, por suerte el primer fin de semana le dejaron volver a casa. Como te conté, a mí no me dejaban ir a verle al hospital, te puedes imaginar mi impotencia. Ese fin de semana, después de una comida un tanto dramática, mi padre nos dijo: “¿Sabéis qué? No hay que llorar más. Hay que dar gracias porque he vivido maravillosamente durante 61 años. Es injusto que me vaya ahora, sí, pero hay injusticias mucho peores. Me queda poco tiempo de vida y quiero que ese tiempo sea alegre. Así que no quiero ver ni una lágrima más”. Lo dijo absolutamente convencido. Y no lloramos más, al menos ese día.

Para mí, esa fue una lección de vida que nunca olvidaré. Tienes que aprender a aceptar el problema y a afrontarlo de la manera más positiva posible. Es algo muy difícil, pero tremendamente necesario. Un héroe como mi padre huye de los dramas y de la compasión, solo busca momentos de felicidad. Porque, como dice un buen amigo, la vida no es felicidad, si no momentos felices. Para mi padre esa comida fue un momento inmensamente feliz. Estaba con su mujer y sus dos hijos disfrutando y valorando la vida por lo bien que le había tratado.

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El día 14 de enero nos confirmaron que el diagnóstico era erróneo. La imagen del páncreas resultó ser una pancreatitis que desapareció y lo de los pulmones, una enfermedad intersticial provocada, en teoría, por un fármaco que tomaba por una arritmia. Una enfermedad que a priori necesitaría unos meses de tratamiento y lograría curarse. Lamentablemente no ha sido así y este no ha sido el peor episodio que hemos vivido. Pero si hay algo que siempre hemos tenido claro, es que los héroes necesitamos la compañía de otros héroes para ser más fuertes. Una vez más, te animo a que busques a tu propio héroe, que te ayude y te guíe. Recuerda: necesitamos personas que sumen.

La historia de Jabato es muy larga. Seguiré contándotela porque me parece tremendamente heroica y significativa. Una parte del alma de We can be heroes es él, es mi padre y para él es esta canción. Porque la vida es maravillosa, a pesar de todo. #NiUnDíaSinMúsica

ana


Comentarios recientes

7 comentarios


by Judith

Gracias por compartir con nosotros tu experiencia y la de los tuyos.
Soy amiga de Belén desde el Instituto y luego compañeras en la Facultad. El tiempo y el trabajo nos separo…pero sigo teniendo relación con ella y con Teo, tu padre. Ha sido ella la que insistió en que conociera tu blog, y me alegro.
Ánimo a seguir escribiendo, con lo que ayudas a otras personas, enfermas o no, a afrontar situaciones adversas de la vida.
Un abrazo.
Judith

enero 3, 2015 @ 17:54 Responder

    by Ana

    Yo me alegro mucho más de que te guste. La historia de Jabato es especialmente emotiva, sobre todo si le conoces, pero también llena de valentía y superación. ¡Gracias por tu comentario y por tus ánimos Judith! Un abrazo fuerte.

    enero 7, 2015 @ 11:21 Responder

by Jose Maria

De tal palo tal astilla !! Enhorabuena JABATO Y JABATA !!!

enero 5, 2015 @ 19:11 Responder

    by Ana

    ¡Muchísimas gracias José María!

    enero 7, 2015 @ 11:19 Responder

by Javo

Leer tus post son como recordar capítulos de mi pasado, al lado de mi padre. Es volver a recibir esa noticia del médico, quedarse sin aire, ansiedad, lágrimas… Pero también es ver la lucha de una persona. Es conocer la fuerza que tienen algunos seres humanos por salir adelante pese a cualquier contratiempo. A mi, mi padre me dio una auténtica lección de vida también. Y por supuesto, es mi heroe favorito.
Un besazo muy fuerte Ana.

enero 5, 2015 @ 21:27 Responder

    by Ana

    Todos tenemos cerca algún héroe, a todos se nos viene a la mente alguien con espíritu luchador. Me alegro mucho de que sea así, aunque haya sido duro, tenemos que quedarnos con las lecciones aprendidas. Y como conozco tu historia, si alguna vez os apetece compartirla, tenemos el blog de los Superhéroes para ello. Si queréis enviárnosla, me encantará publicarla.
    ¡Un beso enorme y mil gracias por tu comentario!

    enero 7, 2015 @ 11:19 Responder

 

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Publicado por

Ana

2 ene 2015

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