Por casualidad he dado con un poema de Piedad Bonnet que me ha tocado el corazón. Te invito a leerlo despacio, desmigando cada frase, entendiendo cada palabra, asimilando su sentido.

No hay cicatriz, por brutal que parezca, 
que no encierre belleza. 
Una historia puntual se cuenta en ella, 
algún dolor. Pero también su fin. 
Las cicatrices, pues, son  las costuras  
de la memoria, 
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra 
de que nunca olvidemos las heridas. 

En cuanto lo leí sabía que tenía que compartirlo contigo aquí, en nuestro rincón zen. No he podido sentirme más identificada con él. ¿Recuerdas la frase que utilicé en el primer post en relación a las cicatrices? Decía que son señales vivas de batallas ganadas y que, por eso precisamente, no debemos avergonzarnos de ellas. Esa frase es algo que he intentado tener muy presente siempre. Aunque no siempre resulta sencillo.

Las cicatrices “son la forma que el tiempo encuentra de que nunca olvidemos las heridas”. Quizá te preguntes por qué el tiempo no quiere que olvidemos. Quizá lo taches de injusto, de odioso incluso, pero es bueno no olvidar las batallas. Eso sí, siempre recordando la heroicidad de las mismas. Cuando hablo de cicatrices, no sólo me refiero a las que te deja una cirugía, aunque éstas, en un caso como el nuestro, también son difíciles de aceptar.

El cáncer de mama afecta a la parte más femenina del cuerpo de una mujer y que nos reafirma como tal. Y tenemos que aceptar el cambio que se produce. La cirugía, la radioterapia… Son factores agresivos e invasivos que modifican nuestro aspecto. Cada mujer es diferente, cada una tenemos nuestra manera de vernos y de aceptarnos. A mí me ha costado. Todavía a veces me sigue costando, lo reconozco. Y, aun así, sé que yo soy una heroína. Que no te preocupe reconocer tus debilidades. Es humano sentir cierta fragilidad. Pero esa sensación es la que precisamente te tiene que empujar a mostrar al mundo la heroína que llevas dentro.

Por ejemplo, lo que para los demás es un simple lunar, para mí es el tatuaje que me recuerda mi paso por la radioterapia. He aprendido a no esconder a toda costa esos tatuajes que realmente sólo veo yo, porque son tan pequeños, que pasan absolutamente desapercibidos a los ojos de los demás. He aceptado que puedo bailar flamenco con una camiseta sin mangas, porque no importa que se vea mi cicatriz de la axila. Las ganas y la pasión del baile van mucho más allá de una pequeña marca en la piel. He aprendido a cambiarme de ropa en un gimnasio. He aprendido a convivir con mis cicatrices físicas, a sentirme igual de guapa que antes de que estuvieran ahí.

Y también he “reaprendido” a ser yo misma, la de siempre. El verano pasado me fui con unas amigas de vacaciones. No era la primera vez, ya nos habíamos escapado en alguna otra ocasión. Son días de liberación para nosotras. Huimos de nuestra rutina y nos sumergimos en nuestra propia terapia antiestrés: risas, charlas, sol y playa son los ingredientes principales. Siempre he hecho topless con ellas allí, pero el año pasado no me atrevía. Ya no era lo mismo. Yo no era la misma. O eso creía. Tardé 24 horas en darme cuenta de la idiotez que estaba haciendo. A mí me daba igual mi cicatriz en esa circunstancia, ¿qué más daba lo que pensaran los demás?

Te animo a que te quieras a ti misma. Tenemos que aprender a querernos. A querernos mucho. Y así cada vez que veamos nuestras cicatrices, sólo veamos una batalla ganada. Que pensemos que hemos sido más fuertes que el enemigo que quería derrotarnos. Una historia puntual se cuenta en ella, algún dolor. Pero también su fin.

Te decía que he aprendido a vivir con mis cicatrices, pero a mi misma todavía me queda camino por recorrer. Son cosas que muchas veces nadie sabe, ni tiene porqué. En definitiva es una lucha contigo misma que, al final, seguro que vencerás. Mi propósito es aprender a estar orgullosa de mis cicatrices. Te propongo un reto: acepta un beso ahí. Es posible que todavía te duela. Como digo, no es sólo una marca en la piel. Es una huella en el alma. Acepta un beso ahí. Así será más fácil que la quieras. ¿Sabes qué? Los demás amamos esa cicatriz. Esa cicatriz y tú estáis vivas.

#YoAmo o #NiUnDíaSinBeso son otros hashtag que utilizamos en #WCBH ;-), pero cada viernes siempre hay uno muy especial también: #NiUnDíaSinMúsica

De mis ansias y mis sueños

qué sabe nadie

de mi verdadera vida

de mi forma de pensar

de mis llantos y mis risas

qué sabe nadie

ana


Comentarios recientes

6 comentarios


by Maria José

DE UNA VALIENTE A OTRA VALIENTE.
¡Que bonito Ana. Me he emocionado al leerlo!. Yo he pasado por la misma experiencia que tu. Después de pasar por cirujia, quimio y radio y sobrevivir al cancer, las cicatrices que me importan son las del alma.Al final he aprendido a verme en el espejo con los ojos de heroína y ya no me importa. El año pasado….hice topless el la playa. Al principio me sentí intimidada, pero después de media hora decidí que si querían mirarme que lo hiciesen porque empecé a sentirme, aunque parezca una contradicción, muy orgullosa de mis cicatrices. Y si, ahora soy diferente, solo tengo un pecho pero me siento que soy preciosa.:).

abril 7, 2015 @ 21:00 Responder

    by Ana

    No has podido ponerlo mejor, VALIENTE con mayúsculas. Enhorabuena y gracias por compartir tu historia conmigo!! Me ha encantado leerte y ver reflejada la actitud “we can” en tus palabras. Un besazo enorme, heroína!!!

    abril 20, 2015 @ 08:08 Responder

by Maricarmendelfraile

Hola guapísima¡¡ Me parece precioso lo que cuentas, la naturalidad que trasmites…eres una valiente y te doy la enhorabuena y más.Enhorabuena por la página y el proyecto,me parece espectacular ¡ Un beso te enorme y yo te sigo desde aquí y me voy a asociar.

abril 10, 2015 @ 21:12 Responder

by Isabel

Precioso…yo tambien tengo heridas de guerra que estoy aprendiendo aceptar, por una peritonitis infecciosa que casi me gana la batalla..me lleve de recompensa una enorme cicatriz que me atraviesa el abdomen y otras cuatro pequeñas de los enormes drenajes …este verano me puse un bikini y acepte que vivirian conmigo el resto de mi vida por que me salvaron la vida….me encanta tu proyecto , gracias por tus palabras eres una luchadora valiente enhorabuena..besazoss !!!!

enero 12, 2017 @ 23:15 Responder

    by Ana

    A mí me ha encantado leerte Isabel! Muchísimas gracias por compartir tu filosofía valiente… ¡Benditas cicatrices que nos mantienen vivas! Porque sigamos luchando y ganando batallas. Un beso enorme y mil gracias por tu comentario

    enero 13, 2017 @ 13:39 Responder

by catalina Uribe

Realmente es un mensaje maravilloso que has dejado aquí. yo también tengo cicatrices, son tres, la primera de una operación de atresia esofágica, otra de una CIA al corazón y tres de columnas, de ser una niña muy segura pase a odiar mis cicatrices durante toda mi adolescencia, a sentir vergüenza de ellas por muchas burlas que recibí por parte de mis compañeras. Pero después de trabajar mucho en la aceptación de estas y de ver que gracias a ellas estoy viva y puedo hacer todo lo que me gusta aprendí a amarlas, no niego que a veces me invaden ciertas inseguridades pero trato de que gane mi gran amor hacia ellas.
Gracias por tus palabras publicadas aquí, eres una GUERRERA maravillosa.

diciembre 3, 2017 @ 22:17 Responder

 

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Publicado por

Ana

27 feb 2015

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